LA EMPRESA FAMILIAR, UN TRABAJO DE CONSTANTES RETOS EMOCIONALES EN FAMILIA

LA EMPRESA FAMILIAR, UN TRABAJO DE CONSTANTES RETOS EMOCIONALES EN FAMILIA

Mucho hemos hablado de las bondades que ofrece el trabajar en la empresa familiar, de las emociones que genera y los valores que se fortalecen o surgen durante la marcha.

Sin embargo, existe una parte importante a tratar, la cual hace referencia a todas aquellas situaciones irónicas en las que pese a tener las mejores intenciones para trabajar en familia, las diversas situaciones y controversias hacen que no se cumpla con dicho objetivo y que, por el contrario, los resultados vayan en total contracorriente, trayendo consigo consecuencias desfavorables y decepciones.

En ocasiones, no saber manejar las emociones, puede conllevar a que una empresa familiar que cuenta hasta con 30 años de vigencia, por ejemplo, tras una discusión entre hermanos, cierre sus puertas para siempre. 

Más allá de mencionar los factores que se deben fortalecer para mantener la empresa familiar unida, hoy lo que se pretende es, mencionar aquellas situaciones adversas que se presentan en la cotidianidad de los negocios familiares.

Otro tema controversial surge al momento de contratar la figura de consultor como apoyo, confidente y asesor. Aunque el punto de partida son las mejores intenciones con las que se vincula esta figura a la empresa familiar, no siempre esta persona causa un impacto positivo que fortalezca las relaciones familiares, sino que, irónicamente su trabajo influye al contrario; por ejemplo, han existido casos en que se contrata a un consultor y este termina influenciando para que se genere un despido y con este crea un gran problema a nivel no solo de empresa sino de familia, quebrando por completo los esquemas de sana convivencia en el núcleo filial.

Es desalentador también, cuando se evidencian grietas en la comunicación entre hijos y padre fundador; si bien, se sabe que no todo puede ser perfecto en temas de comunicación, dado que, la cotidianidad implica que se incurra en faltas leves de expresión o entendimiento de los mensajes, en ocasiones, las consecuencias de dejar avanzar este tipo de fallas, causa que el fundador, por ejemplo, no escuche o no atienda los consejos que su propio hijo con la mejor intención posible y además con conocimiento fiable, ofrezca en pro del mejoramiento de la empresa. Y, que, por el contrario, ante esta situación, si atienda con sagrada confianza, aquellos consejos que le da el consultor, excluyendo y denigrando por completo las opiniones de su propio hijo. Causándose para siempre la ruptura, de una de las relaciones más importantes para la vida de cualquier ser humano, la relación son su padre-hijo.

Otra situación con reflejos de ironía, que juega un papel disociador en la empresa familiar, se da cuando con las mejores intenciones se vincula a un familiar político a la empresa esperando su mejor apoyo y trabajo hacia la misma, y, por el contrario, se consigue que no aporte nada beneficioso, exigiendo irónicamente que se le retribuyan favores especiales, favoritismo o consideraciones que claramente, no merece.

No hacer frente a los problemas desde el inicio, trae consigo tarde o temprano, consecuencias lamentables. Existen casos, en los que el ambiente laboral y familiar es de tanta tensión que los hijos en su mayoría o una parte, o, uno de ellos, no demuestran interés por hacer parte del negocio de la familia, tomando un camino diferente, trabajando en otros campos o creando en ocasiones, su propio emprendimiento, o en situaciones más lamentables, trabajando para la competencia.

Finalmente, y para concluir, exponer uno de los escenarios irónicos más desalentadores y decepcionantes. Recordando el adagio popular: “Nadie sabe para quién trabaja”.

Un padre fundador siempre da lo mejor de sí, para su familia y la empresa que llevará su legado, sus sacrificios son constantes y relevantes, sin embargo, el exceso de confianza y la buena voluntad hacen que ponga las manos sobre el fuego por sus hijos, quienes al heredar la empresa lo primero que hacen es despedirle o desvincular a su padre de todo tipo de nexo que tenga con la organización. Generando consigo una decepción lamentable.

Y, configurando de esta manera, otra situación de absurda ironía en el campo de la empresa familiar.

Arturo Rivadeneira Ávila, MDEF

Director del Centro de Empresas Familiares

Universidad de Monterrey

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